Ruedas de molino – Luis Acebal

Próximo ya al fin de sus días el viejo Pericles pronunció, en honor de las víctimas de la guerra, un discurso que quedó escrito y así ha llegado hasta mí:

“Nuestro gobierno no pretende imitar a nuestros vecinos; somos, muy al contrario, un ejemplo para ellos. Porque si bien es verdad que formamos una democracia, por estar la administración en manos de muchos y no de unos cuantos, en cambio nuestra ley establece igual justicia para todos. Además nuestro pueblo reconoce la superioridad del talento, y cuando un ciudadano se distingue de los demás por su carácter, el pueblo lo designa para los cargos públicos, no por derecho de clase, sino como una recompensa a su mérito. Ni la pobreza es un impedimento entre nosotros para desempeñar cargos públicos; cualquier ciudadano puede servir a la patria, por humilde que sea su nacimiento. No hay privilegios en nuestra vida política ni en nuestras relaciones privadas; no recelamos unos de otros ni nos ofendemos por lo que haga nuestro vecino, aunque no nos guste. Mientras vivimos así libres en nuestra vida privada, un espíritu de mutua reverencia prevalece en nuestros actos públicos, y el respeto a la autoridad y a las leyes nos impide obrar mal. Tenemos además en gran estima a los que han sido elegidos para proteger a los débiles y practicamos la ley moral que castiga al transgresor con un sentimiento general de reprobación”.

Y un poco más allá: “Empleamos las riquezas no en alardes de vana ostentación, sino donde son realmente necesarias. Confesar la pobreza no es una vergüenza entre nosotros, sino la abyección y la miseria. Un ciudadano de Atenas no abandona los asuntos públicos para ocuparse solo de su casa, y hasta aquellos de nosotros que tienen grandes negocios están también al corriente de las cosas del gobierno. Miramos al que rehúye el ocuparse de política, no como una persona indiferente, sino como un ciudadano peligroso; y si hay pocos de nosotros que sean aptos para proponer, todos somos buenos para decidir en los negocios del estado. Es opinión nuestra que el peligro no está en la discusión, sino en la ignorancia, porque nosotros tenemos como facultad especial la de pensar antes de obrar, y pensar aun en medio de la acción, mientras que otros son valientes en la ignorancia y vacilan en cuanto empiezan a pensar…”.

El nombre de ese que rehúye el ocuparse de las cosas públicas era en Atenas el de “idiotés” derivado de “ídios”, que es lo propio de uno (véase en la palabra “idiosincrasia”). En definitiva, el idiotés es el que está solo a lo suyo sin que le interese lo de todos los demás. Este, según el genio militar, político y filosófico de Pericles, el que dio su nombre al siglo V a.C., este es “el ciudadano peligroso”.

Cierto que “idiota” tiene también otra etimología, por eso sin duda cuando estudiábamos bachillerato en el siglo pasado algunos les llamaron “ilotas”, para distinguirlos de los idiotas, imbéciles y similares. Pero el origen en el término “ídios”, aludiendo a ese estar a lo suyo, aparece claramente constatado y así lo cita Pericles. El conjunto de estos idiotas es el enemigo público número uno. El idiota de Pericles es el que en medio de los dramas y problemas más acuciantes se acerca al que manda y le susurra al oído: “¿y de lo mío, qué?”.

Lo suyo es siempre el dinero. Puede tratarse de algo más, pero siempre también el dinero. Por él llegan unos hasta la delincuencia, otros hasta la mediocridad. El dinero de todos estos idiotas decide la marca de sus coches, el tamaño y decoración de sus casas, el club al que pertenecen, el deporte que practican, los libros que leen o no leen, el centro educativo donde buscan compañías para sus hijos e hijas: siempre su… lo que sea. Qué hay de lo mío.

Lo malo que les ocurre es que con tanta gana y deseo de lo mismo, uno se siente en continua zozobra, porque todo se puede perder. Estos peligrosos idiotas olvidados de la colectividad que les rodea viven atemorizados.

Miedo al otro, miedo al cambio, miedo al futuro.

El miedo paraliza mucho y nuestra sociedad de idiotas es, como tal sociedad, una red dominada por la pasividad. Activo para lo mío, pasivo para todo y todos los demás. No se mueve un dedo ni por la propia madre, por poca lata que dé. Hay que mirar a los mercados y ya está.

Ya podrá ocurrir lo más terrible, que lo mejor es dejarlo ir y callar. A mí que me registren.

El miedo enmudece. No hables, no lo vayas estropear todo. Repite lo que digan los que crees que te favorecen. No digas imprudencias, que luego salen en los dichosos cables de Wikyleaks. Qué atrasado parece eso de los cables.

En todo esto voy pensando, recordando a Mauricio Rosencof y su obra breve: “las cartas que no llegaron” (Alfaguara, 2002). Una persona muy querida me ha regalado este libro para Navidad y me subraya una frase:

“El silencio es el verdadero crimen de lesa humanidad”.

Me dicen que este volumen ya no se encuentra fácilmente en las librerías, que solo unos cuantos tendremos la suerte de haberlo leído. Algunos de los muchos que queremos hablar.


Mi pasado post (del 9 de septiembre) sobre el “Nacionalismo Imperial-Españolista” me ha traído cantidad de ecos, confieso que en general positivos.
Entre ellos el de mi gran amigo, filósofo y escritor, Augusto Klappenbach, quien para confirmar su acuerdo conmigo me adjuntaba el texto de un artículo suyo, publicado ya en el diario PÚBLICO el 21 de febrero pasado.
Me ha parecido tan interesante, y tan convergente con lo que modestamente yo exponía, que me he decidido a colgarlo aquí, no sin antes haber solicitado, y obtenido, la autorización del propio Augusto, y de PÚBLICO. Ahí va, pues:

“PATRIOTISMO”
Un fantasma recorre Europa: el fantasma del patriotismo. El Gobierno de Francia quiere “cultivar el orgullo de ser francés”. Después de abrir un gigantesco debate público sobre la esencia de ser francés, ha reunido un comité de sabios para dilucidar tan espinoso asunto, además de promover entre los estudiantes el canto de La Marsellesa y colocar banderas en las escuelas.
Tal euforia patriótica probablemente tiene que ver con la masiva llegada de inmigrantes y, sobre todo, con el hecho de que ya no son necesarios por el aumento del paro. Para ellos se han endurecido considerablemente las condiciones que les permiten vivir en nuestra Europa: en varios países se les exige superar un examen, que no se limita al dominio del idioma, y firmar un contrato de integración. En Italia se pretende implantar un carné por puntos que, entre otras condiciones, exige estar al día en el pago de impuestos, condición que, por fortuna, no se le pide a su presidente. Y en España no faltan voces que propugnan medidas similares, como las que surgieron a raíz de la negativa de un pueblo catalán a empadronar inmigrantes sin papeles.
Creo que el patriotismo es absolutamente respetable y hasta necesario como sentimiento: la relación afectiva que nos une con el lugar donde hemos pasado la infancia, donde hemos estudiado y nos hemos enamorado, donde vive mucha gente a la que queremos, es propia de toda persona sensible. Me parece sano preocuparnos por lo que sucede en nuestra patria, alegrarnos con sus éxitos y sufrir con sus desgracias. Y en un plano más superficial también es normal que formen parte de nosotros una serie de costumbres, de lugares y hasta de olores y de comidas. Incluso respeto –aunque comparto poco– la emoción de ver ganar a un equipo de fútbol o un tenista nacional. Esos son sentimientos. Y los sentimientos no se discuten: pueden resultarnos agradables o desagradables, podemos compartirlos o rechazarlos, pero es imposible aducir razones que terminen con ellos o que los hagan surgir. Si a eso se le quiere llamar patriotismo, no vacilo en declararme patriota.
El problema se plantea cuando se pretende convertir a ese sentimiento en una virtud y sobre todo cuando se pretende que esa virtud sea obligatoria. Se supone entonces que la patria es una realidad en sí misma que no se reduce a un territorio, unas costumbres, un idioma y sobre todo a un conjunto de personas a las que queremos o que nos importan, sino que tiene una esencia propia, una realidad que no depende de la voluntad de los que vivimos en ella y que por lo tanto puede hasta pedir el sacrificio de vidas humanas, como ha sucedido tantas veces en la historia. Y como toda identidad se define por oposición a otras, tenemos ya el germen de la exclusión del extranjero, de la xenofobia y de la guerra.
Pretender extraer del sentimiento patriótico consecuencias excluyentes, sean estas políticas, jurídicas y sobre todo militares, me parece un signo de decadencia. Reconozco que ese sentimiento patriótico puede jugar un papel positivo en algunas situaciones: la superación de los absolutismos en la Europa moderna, con la creación de los estados nacionales, tuvo un fuerte componente patriótico. Como también lo tiene la resistencia de pequeñas naciones ante la opresión de grandes potencias. Pero en rigor, lo que se juega en estos casos no es tanto el patriotismo cuanto la lucha por la igualdad y la justicia, que ellas sí merecen el calificativo de virtudes, porque se refieren a las relaciones entre seres humanos y no a entidades abstractas.
En estos tiempos globalizados o posmodernos o como se les quiera llamar, me parece más urgente que nunca no caer en la trampa de anteponer el patriotismo a la justicia y a la igualdad. Porque el poder se va alejando cada vez más de los gobiernos de las naciones y pasando a una red de innumerables despachos anónimos que no pertenecen a ninguna patria, desde donde las grandes decisiones se toman sin necesidad de dar la cara, convirtiéndose por lo tanto en inmunes a toda crítica. Nada le conviene más a esos poderes anónimos que el hecho de que la gente esté entretenida reivindicando lenguas locales, banderas, estados nacionales y rótulos en uno u otro idioma, en lugar de plantearse la situación terrible en que está este pobre planeta, en el cual sólo una cuarta parte de sus habitantes come tres veces al día y dispone de medicinas y agua caliente. Y que hace años muestra una tendencia a aumentar la distancia entre quienes construyen la historia y quienes van quedando cada vez más fuera de ella. El patriotismo nacionalista, como postura política, como ideología, (insisto, no como sentimiento) reivindica lo peor del provincianismo. Y esto en un momento en que los problemas reales del mundo en que vivimos exigen más que nunca un enfoque universal, sobre todo porque recién ahora este enfoque es posible. Pero este es otro tema”.


Una amiga, Elena, nos hace llegar el siguiente texto, bien documentado, de Carlos Sordo Olivé, cooperante español que coordina varios proyectos en la dicha franja, o cárcel (tú lector decidirás).

Iba a colgar otra cosa, que la dejo para otro día. Este texto me ha conmovido profundamente y deseo compartíroslo a todos. Ahí va:

“Los ciclos naturales: hechos y responsabilidades”.

La Franja de Gaza es la cárcel a cielo abierto más grande que existe en el mundo. Las paredes y alambradas de la susodicha cárcel enclaustran los 41 Km de frontera con sus vecinos Israel y Egipto. Dentro de la Cárcel de Gaza habitan más de un millón y medio de palestinos, refugiados en su gran mayoría que previamente fueron desplazados desde sus hogares en Haifa o Tel Aviv durante la Nakba en 1948, hogares de los que han sido despojados, quedando confinados en el interior de una cárcel diseñada por diferentes verdugos, entre ellos Israel, Egipto y por último nuestra querida Comunidad Internacional.

Sin querer entrar en demasiados debates políticos, ya de sobra conocidos e insuficientes para alcanzar cualquier acuerdo de paz, he querido indagar más en las condiciones medioambientales que existen en el interior de la cárcel de Gaza. El ideal balance entre ciclos naturales hace ya mucho tiempo que ha sido quebrado y poco o nada se habla de la situación actual del medio ambiente dentro de los barrotes de hormigón.

No piensen que quiero ser frívolo al hablar de medio ambiente, cuando, podrían decirme, más del 80% de la población que habita la Cárcel de Gaza se encuentra en una situación de extrema pobreza. No es mi objetivo dejar de lado la situación socio-económica, ya de lejos conocida, ni las acciones realesi que permitirían disminuir o eliminar la situación de pobreza y vulnerabilidad que de modo vergonzoso, principalmente Israel, ha impulsado en su interior. Muy al contrario, este pequeño trabajo pretende relacionar el medioambiente con las condiciones de pobreza y de vulnerabilidad de los palestinos que habitan en la Cárcel de Gaza.

El ciclo del que les quiero hablar comienza con el uso de la tierra y del agua para consumo diario, tanto para beber, como para asearse, fregar, regar, alimentar a los animales, etc. Como podemos imaginarnos, un millón y medio de habitantes pueden generar diariamente una ingente cantidad de desechos. En la Cárcel de Gaza, existen solamente tres depuradoras de aguas residuales, y que acogen diariamente entre 40.000 y 50.000 m3 de aguas fecales. Sucede que las depuradoras se encuentran operando por encima de sus posibilidades, por lo que solamente una pequeña parte de lo que entra llega a ser tratadoii, obteniendo un efluente de aguas residuales nocivas que son descargadas directamente al mar. En resumidas cuentas, más de 80.000 m3 de aguas residuales parcialmenteiii tratadas son lanzadas al mar de Gaza diariamente.

La costa de Gaza, también ocupada por los navíos israelíes, posee un vasto almacén de gas natural que se mantiene apartado de sus verdaderos propietarios, la población gazaui. Esto deja a la Cárcel de Gaza y a sus habitantes a merced de una situación de dependencia energética total por parte de Israel. La energía que entra en Gaza es de dos tipos, bien mediante la importación de combustible desde Israel para ser transformado en energía en la planta térmica del interior de la Cárcel de Gaza (lo cual representa un 20% aproximadamente de la energía total en la Franja de Gaza) o bien mediante la importación de energía eléctrica directamente desde Israel. Ambas fuentes energéticas se mantienen abiertas siempre que Israel lo permite. De modo que no es difícil darse cuenta de que, entre otras infraestructuras básicas, las depuradoras sólo pueden funcionar cuando Israel así lo quiere. Es curioso ver como la cadena de acontecimientos nos dirige poco a poco al culpable del lanzamiento masivo de vertidos al mar de Gaza.

Los residuos fecales descargados al mar acaban cercenando la vida marina, eliminando diferentes especies y reduciendo sus cantidades. Esto afecta directamente a los 3.700 pescadores que viven de las capturas diarias para que sus familias puedan sobrevivir. El efluente lanzado al mar debilita y empobrece directamente a este grupo social y a las de todo un mercado del que dependen más de 6.000 trabajadores y sus familias. Dicho mercado lleva existiendo cientos de años y, hasta que el bloqueo se implementó por parte de Israel en 2005, siempre había gozado de buena salud. El área de pesca al que los pescadores tienen acceso se ha ido reduciendo ilegalmente por parte de Israel desde 2002, de las 20 millas náuticas que Israel y Palestina aceptaron en los Tratados de Oslo a las actuales 3 millas náuticas, de modo que actualmente los pescadores no pueden salir a faenar más lejos de esas 3 millas náuticas, pues corren el riesgo, y créanme que es un riesgo elevado, de ser tiroteados, arrestados y encarcelados en prisiones israelíes. Sus barcas son confiscadas y los motores de las mismas, que valen en ocasiones hasta 4.000$ son retenidos en puertos israelíes y vendidos posteriormente.

Cabe mencionar que durante su última intervención militar Operación Plomo Fundido en la que murieron 1.326 personas (de las cuales 540 eran mujeres, niños y niñas)iv, el ejército Israelí destruyó de forma premeditada parte de las instalaciones de tratamiento de agua (además de hospitales, centros de atención médica, ambulancias, etc.)v. Queda claro que las autoridades israelíes no tienen la menor intención de que la población gazaui deje de descargar agua fecal contaminada a su propia costa.

Toda la población gazaui extrae, mediante pozos, el agua de consumo humano del nivel freáticovi. Este agua proviene de un acuífero que hay inmediatamente debajo del suelo de la Cárcel de Gaza. La cantidad de agua que se extrae diariamente se encuentra muy por encima de lo que, de modo natural, recibe el acuífero de agua dulce, bien proveniente de la lluvia o de otros afluentes subterráneos. De este modo, cada vez existe menos agua dulce en el subsuelo de la Cárcel de Gaza, lo que conlleva, en última instancia, la intromisión de agua salada marina proveniente de la costa, ya que la presión marina es mayor que la existente en el interior de la exhausta cuenca interna gazaui. Como podemos ver en el gráfico, la mayoría de la superficie gazaui contiene más de 500 ppmvii de cloruro sódico (comúnmente conocido como sal y mezclado con otras sales en menores proporciones), por lo que la mayoría de la población de la Cárcel de Gaza consume agua con cantidades excesivas de sal (la concentración de sal en agua recomendada por la OMS es de 20 ppmviii), y, lo más increíble de todo, están consumiendo irónicamente agua cargada con sus propias excretas que, previamente, habían sido descargadas al mar.

En última instancia, esta elevada concentración de sal solo permite cultivar aquello que aguante concentraciones salinas elevadas, como los tomates (la Cárcel de Gaza era conocida por exportar tomates cherries de alta calidad a Europa hasta que Israel cerró todas las salidas a su exportación). Todo esto resulta en un suelo altamente salinizado, que ha alcanzado niveles de pH de entre 8 y 9ix donde la agricultura se limita a pocos vegetales y en ningún caso sacia la necesidad de obtener una dieta variada de la población, obligando a los habitantes a importar alimentos de Israelx.

Las autoridades israelíes niegan toda posibilidad de desalinización del agua del mar, no permiten la entrada de suficiente cemento para reparar las depuradoras, no distribuyen agua a las poblaciones ocupadasxi, como es su deber en virtud de la legislaron internacional de los derechos humanos al ser la potencia ocupante en todo el Territorio Ocupado Palestino (Franja de Gaza y Cisjordania)xii.

Al principio del texto nos podríamos preguntar, ¿qué repercusión tiene la situación medioambiental dentro de la Cárcel de Gaza? Mucha y está íntimamente ligada con la situación de pobreza extrema en la que viven sus prisioneros y prisioneras.

Perdónenme la expresión, pero existen muy pocas cárceles en el mundo donde al encarcelado se le obligue a beber, de modo público, y retransmitido por televisión en abierto, sus propias heces. Queda claro que Gaza se ha transformado en una amplia alfombra donde probar todo tipo de juegos (como hacen los niños cuando son pequeños), pero en este caso juegos militares, y bajo la cual esconder la, literalmente, mierda que sus culpables, las elites políticas, económicas y militares israelíes, pero sin olvidarnos de la responsabilidad de la Comunidad Internacional y de Egipto, y en última instancia de la Autoridad Nacional Palestina y de Hamas, situación que ninguno quiere que salga a la luz.”

i Cuando digo reales me refiero a verdaderas presiones internacionales, y no al proceso de rehabilitación de la cárcel de Gaza para su posterior destrucción a manos de los ingenieros de seguridad nacional israelíes.

ii La DBO (demanda total de oxigeno) del efluente de salida de la depuradora de la ciudad de Gaza tiene un valor de promedio entre 50-80 y la COD (Demanda química de oxigeno) entre 100-200.

iii Según informes facilitados por el laboratorio de la depuradora de la ciudad de Gaza, la eliminación de patógenos y residuos orgánicos de las aguas fecales parcialmente depuradas se encontraba entre un 70 y un 90% en los meses de Octubre 2009 a Enero de 2010.

iv Según un informe editado en 2009 por Naciones Unidas “Occupied Palestinian Territory, Gaza Flash Appeal

v Según un informe editado en 2009 por Naciones Unidas “Occupied Palestinian Territory, Gaza Flash Appeal” y otro informe publicado por Amnistía Internacional en 2009 con titulo “Israel-Gaza, Operation Cast Lead, 22 days of death and destruction”.

vi Límite superior de la zona de saturación, a partir de la cual se puede extraer agua del acuífero.

vii ppm es una unidad de medida de concentración de una solución. Se refiere a la cantidad de mg (miligramos) que hay en un kg de disolución.

viii Según el documento titulado “Background document for development of WHO Guidelines for Drinking-water Quality” editado por la OMS, en general, las sales sódicas no son toxicas debido a la eficiencia con que los riñones maduros excretan el sodio. Sin embargo, efectos dañinos y muerte han sido reportados después de una ingesta accidental de sobredosis de cloruro sódico. Entre los efectos provocados, se encuentran la nausea, vómitos, convulsiones, espasmos musculares y rigidez y edema pulmonar o cerebral. Una ingesta excesiva de sal agrava seriamente cualquier insuficiencia cardiaca congestiva crónica y genera efectos adversos debido a los altos niveles de sodio en el agua potable.

ix Como comparativa, las zonas áridas del planeta son características de altos valores de pH, entre 8 y 8.5.

x La mayoría de la fruta y verdura dentro de la Franja de Gaza es importada desde Israel.

xi Pero permiten la entrada de agua embotellada israelí a precios superiores a los del mercado.

xii Según la resolución de la Corte Internacional de Justicia. Ver “Apartheid Contra el Pueblo Palestino, elaborado por David Bondía”. http://www.alcor.palestina.cat


“Los Objetivos del Milenio han sido útiles para movilizar dinero y energías, pero sólo atacan los síntomas de la pobreza, como la malnutrición infantil, la mortalidad materna o las enfermedades, e ignoran las causas más profundas del subdesarrollo y del hambre, por lo que se centran en objetivos meramente estadísticos”, ha asegurado.

A juicio del experto, la comunidad internacional, y en particular los países más ricos, deben modificar su enfoque y atender los obstáculos estructurales que impiden el desarrollo, como la deuda, las políticas de cambio comercial o los paraísos fiscales. “Al permitir la existencia de paraísos fiscales, los países ricos animan a las élites corruptas a seguir tomando el pelo a sus propios pueblos”, denunció. “Los países pobres sufren una deuda externa incompatible con el cumplimiento de los Objetivos”.

A juicio de Schutter, “se debe pasar de un enfoque meramente caritativo a otro enfoque que tenga en cuenta a las poblaciones, a la sociedad civil y, sobre todo, que esté basado en los Derechos Humanos”.

Resumen tomado de la NUEVA WEB del Observatori DESC, Barcelona. Puedes consultar el artículo de Schutter aquí.


Comentando los comentarios, para debate

Agradezco su interés a Chus, Forza4, Aneke, Luis, Álvaro y Juanita. Leo vuestros comentarios a mi último post y necesito, para empezar, aclarar aspectos de lo dicho por mí, probablemente no tan bien expresado como debiera.

1. Cultura y política. Comprendo el nacionalismo (que acepto, aunque en general no me gusta) como el que se centra en elementos culturales (lengua, historia, costumbres, de esto habla Forza4). Estos pueden ser compartidos sin conflicto alguno con otros elementos culturales. Era el ejemplo de Judith (antes de enloquecerse como vegetariana), que yo fraguaba a partir de una observación de Amartya Sen.

En cambio he criticado al que llamaba “nacionalismo radical”, el que pretende que la identidad cultural tiene que abrigarse en una identidad política de poder soberano. Esta ambición política es la que a menudo se carga de pretensiones expansionistas, “imperiales”, es decir, de dominio sobre otros pueblos y territorios a los que desea someter privándoles de toda otra identidad que no sea la propia y UNICA identidad nacional. Considero y he explicado que esto es del género paranoico: algo enfermizo que empobrece y a degrada la propia identidad de quien lo profesa, además del daño de querer destruir identidades ajenas.

2. Mi objetivo básico era, pues, mostrar que el nacionalismo imperial-españolista es algo perverso y dañino, y denunciar el hecho de que sea corriente reconocer como nacionalismos a los periféricos más o menos independentistas y en cambio el imperial-españolista no sea sentido como tal nacionalismo, cuando lo es, y de los peores. Esta es una trampa en la que sociológicamente estamos cayendo la mayoría de los españoles.

3. Nuestros “nacionalismos periféricos” no están libres de aspectos imperiales, y pueden tener pretensiones paranoicas cuando contemplamos las perspectivas de sus radicales. Las encuestas dicen que no hay mayoría absoluta de independentistas y/o de quienes se reconocen como “solo” vascos o catalanes en los respectivos territorios. Pero sí que en ellos hay importantes minorías de nacionalismo radical, y de orientación imperialista sobre otros territorios.

Estos reductos minoritarios insisten en reivindicar poder sobre “els països catalans”, cuyos defensores a ultranza incluyen la actual Catalunya, más otros territorios de España: País Valencià íntegro (incluido Ademús),  partes del actual Aragón (Ribagorça, Llitera), Illes Balears y Pitiüses, junto con el Principado de Andorra, territorios actualmente franceses (Alta Cerdanya, Capcir, Complent, Fenolleda, Rosselló, Vallespir), y por fin un bocado de territorio italiano en Sardenya (l’Alguer).

En el otro ámbito aparece toda la amplitud de Euskal Herría con sus 7 territorios: Bizkaia, Guipuzkoa, Araba y Nafarroa Garaia (estos en la actual España) y Lapurdi. Nafarroa Beherea y Zuberoa en lo que de momento es Francia. Sobre la reivindicación identitaria y más o menos excluyente de tres, o cuatro, o los siete se debaten las dos conocidas almas del PNV.

Es cierto, pues, que estos ejemplos permiten ver que hay sectores de nacionalismos periféricos que comparten la perspectiva imperial, y lo es también que las campañas para convencer de esta “necesidad” identitaria llegan a prender hasta en capas importantes de la población inmigrante de origen español, que desde luego no compartían las identidades catalana o vasca, no digo en los siglos VIII a XIII, porque no estaban allí, sino ni siquiera en la primera mitad del XX, que tampoco estaban.

Hay, pues, elementos “imperiales” en los nacionalismos periféricos. Pero su viabilidad política práctica es escasa. Funcionan más bien como legitimadores “históricos” de reivindicaciones políticas, sea autonómicas o independentistas, frente al Estado español. Esas pretensiones de expansión imperial-nacionalista catalana en la Occitania mediterránea, o vasca en Aquitania, lo que permiten es llenarse las boca retórica para reinvertirla a favor de la batalla “soberanista” o al menos autonomista en nuestro debilitado Estado Autonómico, casi federal.

En los aspectos “imperiales” de los nacionalismos “periféricos” me he detenido obviamente sobre Cataluña y Euskadi. En los nacionalismos gallego y canario no se detectan ambiciones expansionistas ni imperiales, sino pura reivindicación de reconocimiento de la identidad propia, que puede llegar al planteamiento independentista, aunque sin embarcar a otros en aventura política alguna. No es Galicia quien busca dominar en Portugal, ni viceversa.

4. Nacionalismos excitados. En cambio, el papel político y social del nacionalismo imperial-españolista es bien distinto. Para empezar, funciona como estimulante de los nacionalismos periféricos. Es paradoja, pero es. Muchas veces he repetido que pocos han hecho tanto para estimular la agresividad de los nacionalismos vasco y catalán como el General Franco y su Régimen.

A veces, en esa longitud de onda, me he preguntado qué hubiera sucedido si desde 1939 el Régimen franquista, a guisa de ejemplos, hubiera prohibido la copla y el baile flamenco, fustigando el habla y estilo andaluz. En el ambiente que hubiera creado esa presión y opresión habría vivido tu familia, Aneke, que tan lógica y cómodamente te sientes ahora española, andaluza y sevillana. La Feria habría sido suprimida, las escuelas de baile habrían estado proscritas, las películas andaluzas se harían en el extranjero y en España estarían censuradas, la fiesta de El Rocío estaría sometida a vigilancia estrecha, estilo Montserrat, etc. El “¡Viva Andalucía Libre e Independiente!” que escuché a un amigo en una reunión de la oposición clandestina (en Casares, homenaje a Blas Infante, 1975 o 76), este grito me llamó la atención, como un delirio sin base alguna real. “¿Este de qué va?”, pensé. Era la misma época en que sobre la fachada del Ayuntamiento de Ronda se extendía en una enorme pancarta la reivindicación integrada y concurrente de Andalucía, España, y “la Humanidad”. Esto tampoco lo olvidaré. Era bien diferente. Pues en el supuesto re4presivo que poníamos el grito de Casares hubiera cobrado sentido histórico para complicar más tarde la vida de Aneke.

Pues bien, eso que Franco NO hizo en Andalucía, fue política habitual en Cataluña y Euskadi. Por eso en Andalucía no se plantea nuestro problema y en los otros dos lugares sí.

Me acuerdo del viejo chiste del posadero a quien los huéspedes preguntaron si tenía pato salvaje. “No tengo –dijo–, pero si quieren les cabreo una gallina”. Sabía de política el del mesón. Cuando te dedicas arbitrariamente a cabrear a los más normales y moderados, estás fabricando radicales.

5. Resumen A: Cuando los nacionalismos periféricos tienen reivindicaciones “imperiales” o anexionistas, estas son políticamente inviables a la luz de un mínimo sentido común histórico y político.

6. Resumen B: Los nacionalismos periféricos han sido excitados por el nacionalismo imperial-españolista, quien, al estimularlos reactivamente, ha contribuido objetivamente a la debilitación actual del Estado español.

7. Resumen C: Las campañas de boicot a las cosas típicas de Cataluña o Euskadi no solo son una idiotez, sino que contribuyen a demostrar que el nacionalismo imperial-españolista no les considera españoles como los demás, sino como “pueblos sometidos” a quienes hay que perseguir y “arrodillar”, de modo que si en sus Estatutos autonómicos se dice algo que en los de otras Comunidades parece aceptable, para aquellos hay que prohibirlo, porque son súbditos a quienes tenemos que exigir sometimiento, etc… Y el truco es decir que están destruyendo a España, cuando es esa peculiar ¡EsPPPaña!  la que siente una absurda necesidad de verlos sometidos, ellos más que los demás.

8. El nacionalismo imperial-españolista es, pues, igual de radical que el peor de los otros y está sembrando discordia y cizaña entre los españoles.

Colega y tocayo mío Luis: me matizas que “es una trampa identificar al PP como único defensor del nacionalismo”. No solo no he dicho esto, sino que no lo puedo decir. He hablado de que quienes “pactan con nacionalistas” no son SOLAMENTE quienes pactan con nuestros nacionalistas públicamente reconocidos PNV, EA, ERC, CiU, CC, etc, (esta clase de pacto lo han hecho todos los partidos de ámbito nacional en uno u otro momento). Son TAMBIÉN (esto no lo queremos reconocer y formular así, he ahí la trampa) quienes pactan (lo digo ahora) con los nacionalistas imperial-españolistas, es decir, con Fuerza Nueva, diversos grupos vetero- o neo-falangistas, neonazis, racistas inconfesos, franquistas nostálgicos (ellos sabrán de qué), o gente simplemente inculta que tiene que pensar lo que le dijo su papá o todo lo contrario (que a veces puede resultar igual).

¿Por qué alguien pacta con esos peculiares nacionalistas? Pues porque necesita y por lo tanto acepta sus votos, y esto sí que lo está haciendo un sector del PP, con gran descontento de otro sector del mismo PP, que no tiene los arrestos de conseguir una limpieza, no étnica, pero sí ética y moral a favor de la necesaria derecha democrática.

Una observación para Chus. Ya sabemos que el nacionalismo francés, el del Reino Unido, el alemán son lo que son. Pero en lo que son no entra el buscar la guerra a sus propias zonas o regiones internas. el humillarlas, el desahogar a costa de ellas todas las frustraciones históricas desde el principio de la pérdida del imperio ultramarino hasta la guerra de Cuba y los ridículos desenlaces de Guinea y norte de África. Esos nacionalismos europeos no tienen tal cainismo interno. Pueden tener componentes racistas, y les asoman a menudo, como dices. Poseen componentes acríticos y hasta ridículos como el ejemplo que citas del Reino Unido. Pueden ser peligrosos para los extranjeros, pero no persiguen a sus propios ciudadanos.

He vivido, Chus, seis años mezclado en medio de la emigración española en un país de Europa Occidental y he palpado la situación de xenofobia. He llegado a recibir una orden de expulsión con muchas otras personas, orden que se consiguió neutralizar a base de puro movimiento ciudadano (movimiento de masa juvenil en solidaridad con los extranjeros, que ya lo quisiéramos ahora aquí).

Pero nuestro nacionalismo españolista no tiene parangón en esos países. Hay un único caso particular, que es el de Bélgica. Pero allí lo que no existe es el nacionalismo belga, ni imperial ni no imperial. Hay un país dividido en dos que pelean. Aquí sería como 22 millones de vascos mutuamente enfrentados con 18 millones de catalanes, y en medio unos cuantos desconcertados que habitarían la Capital de Europa apiñados alrededor de Barajas, como los de Bruselas salen y entran por Zaventem. Por cierto que la España imperial no es ajena a la historia que explica cómo pelean entre sí esas dos casi mitades de un país que en realidad no es tal.

9. España está metida en juegos peligrosos con esta feria de las identidades, y se echa de menos una elemental capacidad crítica para distinguir el sentido de lo que ocurre. Donde todos están borrachos todavía se puede distinguir que no hay dos borracheras iguales: a unos les dará llorona, otros folklórica, otros erótica, o violenta, o ambos a la vez… luego unos se acuerdan de lo que cantaron y otros no recuerdan nada de lo que hicieron. Te matizo a mi vez, Álvaro: tu cita de que “la barbarie ibérica es unánime” es una frase y nada más. De unánime, nada, si reconocemos el significado de la unanimidad.

10. Creo que lo que nos falta es seguridad fácil. Y el nacionalismo da seguridad fácil, más todavía si viene empaquetado con una religión fuerte. Caí por Libia, año 77, y lo que vi me hizo pensar que me encontraba en mi España de los años 40. En vez de Cristo Rey y Nuestra Señora de Fátima era el Ramadán, que coincidía en aquellos días. Un pueblo entregado a la observancia religiosa y un gran culto a la personalidad del líder. Todos se sentían en seguridad, con ideas claras y, ¡ojo no te detengan! (dos compañeros de mi grupo –éramos periodistas– fueron detenidos por haber hecho una amistosa foto de grupo en el puerto de Trípoli. ¡Había allá a lo lejos una instalación militar y la policía supuso que la foto era un acto de espionaje; en efecto, dominaban las ideas claras…).

Ahora tenemos una crisis de inseguridad, ideas confusas y encima nos flaquea la religión. Se ha hecho bien difícil aclarar el “de dónde vengo, y adónde voy”. Nos queda solamente responder al “quién soy”. ¡Es la ocasión para centrarse en la identidad! Y si la identidad es muy única y queda muy clara, ya se reposa en la ansiada seguridad. Los apóstoles del nacionalismo tienen mercado “asegurado”, cautivo… Es porque nos venden una droga que afecta a lo ciego y visceral.

Había preguntado ¿qué hacer? y me respondo: ser críticos y no dejarnos cautivar.

Solo una cosa más, Juanita. Es interesante lo que dices al final mencionando a los “de izquierda”. Pero de eso me propondría tratar otro día. Por hoy ya vamos servidos. Y pido perdón por la longitud.


Cavilaciones sobre una lectura de verano

Manejaba en este agosto un buen libro de Amartya Sen, comprado en inglés por esos mundos. Ahora lo veo aquí traducido por Katz Editores: “Identidad y Violencia. La ilusión del destino”.

“La misma persona – constata Amartya Sen– puede ser, sin contradicción alguna, ciudadana estadounidense, de origen caribeño, con antepasados africanos, cristiana, liberal, mujer, vegetariana, corredora de fondo, historiadora, maestra de escuela, novelista, feminista, heterosexual, creyente en los derechos de gays y lesbianas, aficionada al teatro, activista pro ecología, fan del tenis, toca música de jazz y está convencida de que hay seres inteligentes en el espacio exterior, con los que corre prisa comunicarse (preferentemente en inglés)”.

Cada uno de esos rasgos de su identidad la relaciona con otras variadas colectividades de personas, a las que ella pertenece simultáneamente. Como es cristiana, la bautizo: pongamos que se llama Sally.

Ninguna de esas pertenencias a un grupo determinado agota la identidad única de Sally. Ella se identificará según todos los rasgos plurales de su ser, aunque ella puede naturalmente decidir cuál es la importancia relativa de tal o cual pertenencia o afiliación de grupo. Por ejemplo su profesión de maestra tiene para ella un peso muy especial, y como licenciada en historia le interesa enormemente el pasado africano de los últimos cinco siglos. Esas preferencias le conducirán a relacionarse especialmente con determinados grupos a los que se ve como “afiliada”. Es libre para hacerlo. Elegir y razonar es esencial en el ser humano.
Caso muy distinto es el de quienes cultivan (o “les cultivan”) un solo rasgo identitario que se va presentando a su conciencia como único. Si una de estas personas acepta casi obsesivamente que todo su ser se explica por un solo rasgo y todo lo que no es eso ya no tiene que ver con su persona, entonces será candidata o candidato a convertir esa pertenencia en algo sectario. Así por ejemplo Sally se identificaría únicamente como vegetariana, olvidando todo lo demás.
Una identidad, hecha “única”, puede hacerse beligerante y excluyente, porque oculta y rechaza todo lo demás. En la vida de Sally perderán relieve el Caribe, la novela, la posición sexual, la historia.,… Nadie podrá convidarla a comer si no se atiene a su dieta. En la escuela enseñará todo y solo aquello que se concilie con el vegetarianismo y dará historia… del vegetarianismo.  Cuando el director la reprenda, ella se rebelará contra él y le acusará de que la critica para defenderse, porque él come carne, qué horror. Los no vegetarianos formarán para ella una masa agresiva que la persigue y que será culpable de cualquier mal que la afecte. Ella a su vez se “defenderá” de ellos con todos los medios de que disponga, incluida la violencia. ¿Se habrá vuelto loca?
Efectivamente, una identidad asumida tan obsesivamente tiende a convertirse en violenta, a veces incluso frente a otros miembros más moderados del mismo colectivo, que por no considerarlo de modo excluyente serán tachados de traidores a la esencia vegetariana.
Resumimos elementos del ejemplo. Una identidad asumida como única y  excluyente:
a) empobrece a la persona, haciéndola olvidar sus demás rasgos reales, de los que va prescindiendo consciente o inconscientemente.
b) Es generadora de síntomas paranoicos, desarrollando delirios de grandeza y/o manía persecutoria. La persona no solo se empobrece, sino que va perdiendo la razón.
c) La identidad única es beligerante, fuente de violencia fundamentalista. Se considera llamada por el destino para dominar todo con “su verdad”. Su visión se hace casi “imperial”.
Estas reflexiones que me hice a partir de un párrafo de Amartya Sen, me llevan a profundizar la idea de que todo nacionalismo radicalizado contiene estos gérmenes de identificación cultural, o también política, si uno se reconoce a sí mismo únicamente como estadounidense, francés, castellano… o lo que sea.
Tal idea del nacionalismo la ejemplifican en España los que llaman “nacionalismos periféricos”: Cataluña y Euskadi para empezar.
Pero mi reflexión va más allá. Tengo el privilegio de haber sido educado en medio del franquismo puro y duro. Digo privilegio porque he podido conocer bien aquello que en mi mente  y conciencia personal he tenido que esforzarme por desmontar.
Es el “nacionalismo imperial-españolista”. Con ese nombre lo he bautizado yo. Y se trata de algo especialmente grave.
Es delirio de grandezas:
Se alimenta nostálgicamente a base de entelequias, por el Imperio hacia Dios, el sol no se pone en los dominios, somos los mejores (con un tremendo complejo de inferioridad que se nos escapa por todas las rendijas), cayó Boabdil,  de Isabel y Fernando el espíritu impera, Colón era español, obra evangelizadora, un imperio y una espada, guerra de África, unidad de destino, gloriosos caídos, “España por el Papa” (“y el Papa por España”, respondió Pío XII), sacaremos petróleo de las pizarras de La Mancha, España antes roja que rota, España es lo mejor, furia española y gol de Zarra, nuestra sagrada bandera, prietas las filas, Cataluña no será si no es nuestra, igual  las Vascongadas, igual Gibraltar…
Y es manía persecutoria:
Dice el “nacionalismo imperial-españolista”: fuera judíos, fuera moriscos, fuera protestantes, fuera masones, fuera rojos, fuera partidos políticos, falsos inventos de la leyenda negra,  el comunismo internacional, el oro de Moscú, la Virgen del Pilar no quiere ser francesa, unidad, unidad, no nos entienden, nos boicotean, la explosión del Maine, depuración, deportación, Tarancón al paredón, que mueran o se larguen.
Quien sintoniza con todo esto, ve claro todo esto, lo comprende e incluso lo añora (“entonces vivíamos bien” Jaime Mayor dixit) deja circular la paranoia por sus venas.
Pero aquí viene lo más gordo. Es que los “radical-periféricos” solo quieren independizarse y bastarse a sí mismos.
Mientras que, en cambio, el nacionalismo imperial-españolista lo que busca es que la otra gente se le someta. Boicot al cava nacionalista, que se fastidien pero no se separen, porque tienen que someterse.
Hoy el imperial-españolismo es para muchos inconsciente, culpablemente inconsciente en muchos casos. Hace creer que los únicos nacionalistas son catalanes, vascos, etc.
En España la mayoría se ha tragado esta idea. Cree que solo hay nacionalistas en la periferia. Y más de medio país se encuentra cogido en esta trampa. Así, cuando se dice que un partido ha pactado con “los nacionalistas”, se piensa en CC, o Bloque, CiU, ERC, PNV y no en el españolismo.
Pero los imperial-españolistas siguen ahí. Muchos son medio pobres adiestrados para defender intereses de ricos. La entrada en la Unión Europea, aceptada por motivos pragmáticos, no ha sanado esta llaga. Ahí se han quedado, con el  orgullo de las esencias patrias, envueltos en la bandera. ¡Viva EsPPPáña! ¡Arriba EsPPPáña!
Ahí está nuestro problema: varios millones de españolazos impenitentes entre nosotros. Son españoles y nada más, fuera todo el resto. Y hay políticos que pactan cada día con ellos y se aprovechan de ellos. ¿Cuándo se darán cuenta de que ese nacionalismo es el más perverso y pernicioso entre todos y sobre todos? ¿Qué podemos hacer?


Sabía más que la ONCE de la ceguera que nos aqueja. Ahora queda el ir escarbando, no solo en los libros, sino en la multitud de partos breves del más anciano y moderno bloguero y patrón de blogueros.

Cada uno escoge lo que más le toca por dentro. Y modestamente me pronuncio por esta pareja de textos sabios y breves. ¿Qué mejor regalo para los amigos?:

La otra crisis

Por José Saramago

Crisis financiera, crisis económica, crisis política, crisis religiosa, crisis ambiental, crisis energética, si no las he enumerado todas, creo haber enunciado las principales. Falta una, principalísima según mi entender. Me refiero a la crisis moral que arrasa el mundo y de la que me permito dar algunos ejemplos. Crisis moral es la que está padeciendo el gobierno israelí, de otra manera no sería posible entender la crueldad de su actuación en Gaza, crisis moral es la que infecta las mentes de los gobernantes ucranianos y rusos condenando, sin remordimiento alguno, a morir de frío a medio continente, crisis moral es la de la Unión Europea, incapaz de elaborar y poner en marcha una política externa coherente y fiel a unos cuantos principios éticos básicos, crisis moral es la que sufren las personas que se aprovecharon de los beneficios corruptores de un capitalismo delincuente y ahora se quejan de un desastre que tenían que haber previsto. Son sólo algunos ejemplos. Sé muy bien que hablar de moral y moralidad en los tiempos que corren es provocar la hilaridad de los cínicos, de los oportunistas y de los simplemente listillos. Pero lo dicho, dicho está, y estas palabras algún fundamento tienen. Eche mano cada uno a su conciencia y diga lo que encuentra.

El cuaderno de Saramago, 16 de enero de 2009

A partir de los cincuenta se aprende muchísimo

Por José Saramago

Si uno conserva sus facultades mentales intactas y sigue estando atento e interesado por lo que pasa a su alrededor, a partir de los cincuenta se aprende muchísimo. Cada año te va enseñando a ser más bueno, más comprensivo, más compasivo. Por supuesto hay gente mayor nada recomendable; los años por sí solos no necesariamente conducen a la sabiduría.

Publicado en Instituto Camoês


Eric Sottas, Secretario General de la Organización Mundial contra la Tortura, con sede en Ginebra, envía hoy día 31 de mayo de 2010 una carta abierta al Primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

La carta denuncia las prácticas verificadas en la red SOS-Torture, según las cuales se ha comprobado la existencia de abusos sexuales y amenazas de abusos sexuales de soldados israelíes sobre niños palestinos (entre 13 y 16 años) con el objeto de extraerles confesiones.

Las informaciones proceden de la sección palestina de la organización “Defence for Children International”, miembro de la red SOS-Torture. Cada una de las declaraciones juradas recogidas en 2009 (un centenar) informa de alguna clase de malos tratos. Por lo demás estos informes son convergentes con los de otras agencias que trabajan en el mismo territorio, tanto israelíes como palestinas, que señalan que el uso de la tortura y malos tratos, incluyendo el abuso sexual y amenazas de él, realizados contra niños para obtener confesiones está extendido y tiene carácter sistemático.

La carta reproduce textualmente la detallada e impresionante declaración de un niño de 15 años que relata su experiencia, después de haber sido sacado de su familia por soldados israelíes en septiembre de 2009. La información se completa relatando que cada año unos 700 niños palestinos son detenidos, interrogados y acusados en tribunales militares israelíes, bajo acusaciones entre las que la más común es la de haber lanzado piedras. La mayoría es encarcelada dentro de Israel infringiendo la 4ª Convención de Ginebra.

El Secretario General de la OMCT enumera la cantidad de tratados de derecho internacional humanitario y de los derechos humanos que Israel está infringiendo en grado muy grave con estos comportamientos, e insta al Gobierno israelí a enmendar urgentemente esos abusos después de realizar investigación muy detallada, independiente e imparcial, cuyos resultados se hagan públicos y conduzcan a identificar y juzgar a los responsables, a la vez que sus víctimas tienen que obtener la necesaria reparación, compensación y rehabilitación.

La carta abierta se envía con copias a Manred Novak, Relator Especial de las Naciones Unidas contra la Tortura, al Comité de las Naciones Unidas contra la Tortura, y a las dos Misiones Permanentes de Israel: ante las Naciones Unidas en Nueva York y ante la Unión Europea.

Carta íntegra en inglés (pdf)


Querido y viejo amigo Joan:

He leído con emoción tu artículo “Auto de fe ante el Tribunal Supremo”. Con emoción por su carácter sistemático, su argumentación masiva, su acierto en las citas de los unos y los otros; por su sentido del derecho de la humanidad y su respeto de la justicia no incendiaria, por cómo muestras que lo que ahora se nos ha presentado en auto de fe es otra cosa: “infimum ius, summa iniuria” (exceso de justicia, exceso de injusticia).

Me ha venido a la cabeza, leyéndote, algo que vengo pensando, dándole vueltas, desde hace una temporada.

Pensando vengo qué habría sucedido en Alemania si Adolf Hitler hubiera ganado la guerra. (Digo en Alemania por circunscribir la cuestión a efectos comparativos, porque en esa fatal hipótesis también se podría imaginar lo que habría acontecido en Francia, en Gran Bretaña, Holanda, Noruega, Polonia, etc, etc).

Pero pensemos en Alemania, como en una muestra de laboratorio. Allí se habría desarrollado la adoración al vencedor, se estaría glorificando la Alemania Imperial, con águila y todo (allí bicéfala). Sería una Alemania Una y más Grande, anexionada definitivamente aquella reliquia del “Imperio del Este” que hoy llamamos Austria, y grandes pedazos de los otros países, con los Sudetes bien incorporados, etc.

Allí estaría el judaísmo fuera de la ley, se habría desterrado a los negros, los indios. Las empresas propiedad de cualquiera de esos grupos y razas habrían sido confiscadas. Los alemanes cuya convicción nazionalsocialista hubiera dado señales de flaqueza habrían sido encerrados o exilados. Sus hijos encomendados a familias intachablemente arias. La educación transmitiría las consignas, los cantos, la heroica historia del nazionalsocialismo. Allí nunca habrían existido campos de concentración, que eran un mito calumnioso surgido de mentes extranjeras judías o judaizantes, de los enemigos jurados des deutschen Volkes.

Pero a la vuelta de los años mucha gente se estaría cansando de vivir con un silencioso amargor y experimentaría una frustración o complejo de haberse salido de la historia. Envidiarían a los países cultos y más libres, sin censuras ni leyes del embudo. Muchos habrían podido conectar con lejanos parientes exilados, o con peligrosas emisoras de perversión antipatriota. Todos esos contactos relatarían, incluso demostrarían, cómo se puede vivir de otro modo. A los alemanes crédulos de estas patrañas se les trataría muy duramente, con las leyes de hierro del sistema victorioso. Cuando se hacían clandestinos también se les perseguía hasta el catre, de madrugada, mediante una eficaz brigada policial. Se les juzgaba y encarcelaba sin piedad.

Mas supongamos ahora que, agotado de vivir en tal paraíso, Don Adolfo hubiera fallecido, por ejemplo en 1981 a la edad de 92 años, postrado sobre su lecho imperial. Entonces, tras gigantescas exequias, filmadas por un nieto de Leni Riefenstahl, habría aparecido un joven traidor inteligente, salido del sistema como un Jaruzelski cualquiera, dispuesto a hablar con “los buenos”, los nazis de ala corta, porque otros ya no había, y con los no tan buenos, los castigados y presos. Este joven tendría la intuición de que estos reprimidos traían un mensaje de más futuro para una Alemania carente de recambio para el gran líder, necesitada de convertirse en un país normal. Es más, quisiera reconocer como normal aquello que ya se venteaba en las calles del Reich.

Entonces el traidor inteligente convencería a los buenos de la película, nazicortos ellos, de que Alemania necesitaba unirse para entrar en buenos tratos con los otros países, lo que traería toda suerte de ventajas económicas por supuesto, pero también de afirmación de modernidad social y democrática, vista la moda demócrata, un poco absurda, es cierto, pero aparentemente muy apreciada en el mundo anglosajón, en la misma Francia, tan sexy, en los Estados Unidos ya repuestos de una guerra perdida sin ton ni son, etc, etc.

Pudo por fin tener éxito el traidor inteligente, les convenció incluso de que algunos judíos podrían ser legalizados, también algunos comunistas supuestamente moderados. Incluso unos y otros estarían mejor mantenidos bajo control, que no medio ocultos y agresivos. Y les vendió la idea de perdonar a los que estaban castigados y encarcelados, y hacerlo con una ley, que les daría confianza para entenderse los otros con los unos. Así Alemania se hacía país democrático. Se pactaron muchas cosas por aquello de entrar en la historia y exportar mejor.

Eso sucedía por fuera. Bastaba una cierta apariencia, pues los nazicortos seguían allí, nada convencidos de lo que ellos mismos hacían, solo pensando en vender más. Seguían diciendo que los judíos esto y los negros lo otro, pero en baja voz; y seguían ocupando la mayoría de sus antiguos puestos, los unos de banqueros, los otros de profesores, los de más allá oficiales o jueces, o políticos de un partido nacional (no nacionalsocialista, que era cosa hortera), que ya se escribía con c en vez de con z (se parecía mucho a lo de antes, aunque contemporizando por mor del progreso y el interés).

Con D. Adolfo vivíamos muy bien y a gusto, decían entre ellos, pero parece que se acabó y hay que transigir, un poco nada más.

Y dándole vueltas a todo esto, me digo: pero querido Joan, ¿de qué nos asombramos? Aquí la guerra se ganó. A nadie desnazificaron. Es de lo más natural lo que nos pasa. Nos circundan quienes vivían tan cómodos con las “evidencias” de la victoria.

Casi diría que vamos a mejor, porque ya se ve todo más claro, quién es quién.

Pero el dichoso interés, el haber hecho todo por dinero, eso puede ser la tumba de los unos y de los otros, que somos nos.

La tumba de nuestra sociedad. La llegada de un liderazgo vacío.

“El jinete sin cabeza”, que aterrorizaba mi infancia cuando hace más de 60 años veía aquella película el niño que todavía soy yo.

Gracias y un abrazo, Joan


¡Qué vergüenza!

Ha sido el grito unánime de la multitud ante la Audiencia Nacional.

Entre triste y enfadada, la gente miraba hacia la Audiencia, protegida por una tranquila, muda fila policial.

Pocas veces se ven tantos carteles pequeños, casi cada persona con el suyo, una exclamación, una fotografía de una víctima perdida en la noche de la memoria, otra fotografía del propio Garzón con la boca tapada por una mancha negra.

Cada uno con un cartel distinto pronunciaba las mismas voces, que se coreaban y un rato después volvían. Sin guión, sin presidencia. Solo una fila de cámaras apuntando a la masa apretada, heterogénea.

En un momento dado, desde la pancarta Cristina Almeida saluda a Carlos Slepoy, que responde entrevistas desde su silla de ruedas, contando a quienes le preguntan el avatar de su acción de Justicia Universal, ahora desde Buenos Aires hacia Madrid, como si hubiera para esto billetes de ida y vuelta. Y se extiende el grito de ¡saludo a la Argentina!

El abogado Carlos Slepoy

“¡Gürtel, Gürtel!”, “¡Varela dimisión!”, ¡Fuera franquistas de la Magistratura!, ¡Son fascistas, no son juristas!

¡Garzón, tienes razón!, ¡Garzón, amigo, el pueblo está contigo!

Y cada poco, repetido como un estribillo: ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!

Madrid. Calle de Génova. 14 de mayo. Ninguno lo olvidará: hoy ha nacido el juez del mundo.

Lo han fabricado ellos.