Ruedas de molino – Luis Acebal

 Comentario para un debate abierto

Luis Acebal Monfort

Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE) 

Me ha sorprendido favorablemente el escrito publicado por “Cristianos Socialistas”, grupo que actúa en y desde el PSOE1. Como se presenta expresamente “abierto al debate” interpela a quienes hemos pensado esta cuestión para que aportemos con la misma apertura nuestros comentarios constructivos.

Allá voy, pues. Me propongo primero resaltar los aspectos positivos que detecto en el proyecto, no sin señalar el camino para su recomendable relectura en el marco de los derechos humanos. En segundo lugar me fijaré en las dificultades prácticas para su realización, por otra parte necesaria, desde el punto de vista de la escasez de los suficientes elementos de cultura y tradición científica en la España actual. Luego habrá que echar un vistazo a ciertos aspectos jurídicos del asunto, que en principio no dificultan, pero sí complican la ejecución práctica de la propuesta en nuestro país. Seguirán por último algunas consideraciones finales.

1. Enseñanza del “hecho religioso” recomendable, y aun necesaria.

A. Un buen planteamiento: tratar del “hecho religioso” supone abordar las religiones como objeto de conocimiento, a diferencia de la educación religiosa que se orienta a presentar una religión desde el punto de vista del sujeto que comparte creencias colectivas y se supone implicado en ellas. Se trata solo de ver cómo son, actúan y se expresan las religiones, no en el mundo de la catequesis, sino en el de las ciencias aplicadas: historia, antropología, sociología, semiología… comparadas.

El texto afirma que “el hecho religioso debe ser compartido como alfabetización básica para saber interpretar la historia, la cultura, el espíritu social y el político”. Con esto es preciso estar de acuerdo, también cuando señala que se debe impartir esta educación “desde un punto de vista de contenidos, que inciten al aprendizaje de lo que suponen las religiones en la historia de la humanidad, cómo influyen en su desarrollo y crecimiento personal, en un medio de libertad de opciones”.

Propone integrar “en los planes de estudio el hecho religioso como asignatura obligatoria, con su programa curricular dentro de la normativa educativa como una materia más, con control evaluable, tanto a nivel del alumno como en calidad educativa y del profesorado. Una asignatura para todos de enseñanza cultural del hecho religioso, cuyo contenido lo determinen las autoridades educativas (contando con la colaboración de las autoridades religiosas respectivas)”.

Así entendida una educación sobre el hecho religioso parece imprescindible en las actuales crisis de pluralidad no bien digerida y de abundantes prejuicios pendientes de autocrítica; entretanto las fronteras económicas y políticas se desdibujan, y los fundamentalismos o integrismos de diversas estirpes se multiplican sin que los medios de comunicación hagan mucho por superarlos, o incluso contribuyan a reforzarlos, puesto que un prejuicio se vende mejor que un juicio crítico.

B. Proyecto razonable en una perspectiva de derechos humanos.

En primer lugar sintoniza con la Declaración Universal de 1948 (artículos 26.2 y, en algún aspecto, 18). Pero recurriendo a tratados vinculantes para España vale la pena apoyarse en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, artículo 13.1, del que la Constitución Española copia casi literalmente la expresión referida al “pleno desarrollo de la personalidad humana”, que aparece en el artículo 27.2 CE, citado dos veces en el texto que comentamos. El PIDESC vincula a España desde su ratificación y publicación (BOE, 30/04/1977)2. El Pacto afirma que “la educación debe capacitar a todas las personas para participar efectivamente en una sociedad libre, favorecer la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales, étnicos o religiosos”, y promover las actividades de la ONU en pro del mantenimiento de la paz (el subrayado se añade ahora). La enseñanza religiosa no busca por sí misma tal comprensión, tolerancia e incluso “amistad” entre grupos religiosos. En cambio, comprensión y tolerancia sí serán favorecidas a partir de una educación objetiva y científica (liberadora de prejuicios subjetivos) sobre el hecho religioso3.

La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño4 refuerza la misma dirección de trabajo en su artículo 29.1, dedicado al “contenido de la educación”. Vale la pena citarlo textualmente con amplitud:

“Los Estados Partes convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a:

a) Desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades;

b) Inculcar al niño el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales y de los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas;

c) Inculcar al niño el respeto de sus padres, de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del país en que vive, del país de que sea originario y de las civilizaciones distintas de la suya;

d) Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena;

e) Inculcar al niño el respeto del medio ambiente natural”

Los subrayados propios en los apartados c) y d) son de gran riqueza a efectos de este análisis. Podría creerse que esta Convención trae supuestos de desarrollo humano especialmente adaptado a una sociedad plural de corte moderno y actual, incluido un toque ecológico. Aparece la búsqueda consciente de la propia identidad, que sea compatible con el reconocimiento de la del “otro” en un marco social que excluye toda discriminación. La enseñanza del hecho religioso contribuye a este fin.

2. Escasez sociocultural y científica para abordarlo a corto plazo.

A. Difícil buena acogida general en la actual sociedad española, que no tiene fácil la superación de sus más acusados lastres o traumas históricos de los que uno principal es la religión, y en concreto la católica5. Habría, pues, que estudiar cómo pueden digerir este proyecto amplias capas de nuestra sociedad.

Ejemplos: a) grupos nacionalcatólicos que se abrigan en el “espíritu de la cruzada”; b) sectores más amplios todavía reducidos a la “fe del carbonero” unos porque no se les enseñó otra cosa, otros porque forman parte de algún sector influyente y organizado, donde esta práctica se utiliza de modo defensivo, para evitar la formulación de preguntas inquietantes, según el slogan “doctores tiene la Santa Iglesia, que te sabrán responder”. Toda esta gama de posiciones, adictas a la comodidad intelectual, se inquieta ante el albur de que se trate de nuestra fe en ópticas científicas comparadas, a las que denunciarían como relativismo universal; c) sectores que han superado toda inquietud religiosa y ven la ocupación sobre el hecho religioso como una pérdida de tiempo, dada la general sobrecarga de trabajos escolares; esta misma posición se comparte desde perspectivas heterogéneas y a veces coincidentes: algunos grupos de izquierdas por una parte, dogmáticos a veces a su modo, o, por otra, medios sociales de variada sensibilidad política, pero aquejadas de resentimiento personal frente a la religión6. Prácticamente todos los aludidos bajo a), b) y formas del c) coincidirían en mirar con prevención esta asignatura. Resumen: las “dos Españas”, en una nueva situación donde se les junta una tercera España indiferente.

La buena acogida quedaría reservada para una colectividad no menos importante, aunque minoritaria, de creyentes o increyentes que reconocen la importancia de las religiones, y abarca a cristianos que han profundizado su fe (incluidos los avances de la exégesis bíblica y la revisión teológica contemporánea, que a otros atemoriza7). En esta línea de apoyo amanece el naciente movimiento de diálogo interreligioso: reunidos creyentes de distintas religiones, unos explican sus creencias y experiencia, abiertos a responder preguntas de los otros. La revisión exegética y la reelaboración teológica es proceso compartido en las religiones, incluidos núcleos valiosos en el Islam, quizá poco conocidos en Occidente.

Tuvimos un problema parecido, pero mucho menos difícil, cuando se trataba de la nueva, hoy antigua, asignatura de la LOE titulada “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”. La batalla resultó tremenda. El rechazo recorrió tribunales y forzó al Supremo a emprender unificación de doctrina. Pero esto no pudo acallar el bronco debate “ciudadanía sí – ciudadanía no”, que todo lo ocultaba hasta el extremo de que la opinión pública no llegó siquiera a enterarse de que la bendita/maldita asignatura se refería también a los derechos humanos.

No existía consenso social sobre el concepto de ciudadanía. Era más sencillo embestir contra unas líneas del currículo. La comparación permite concebir posibles batallas sobre un trato “objetivo” del hecho religioso en España quebrantando su inseparable cuerpo de dogmas. Y se presentiría un nuevo horizonte de combativas y escandalizadas objeciones de conciencia.

Surge la cuestión de si la condición de posibilidad de un cese de hostilidades reside en el logro de una forzosa nueva transición. Rendija hoy estrecha, pero luminosa.

He pintado un cuadro que puede parecer sombrío sobre los posibles frenos, más que apoyos, que puede sufrir este proyecto. A partir de ciertas edades algunos experimentamos el deseo de equivocarnos a propósito de tal o cual asunto. Este sería para mí un caso muy especial. Llámenme pesimista. Quítenme la razón.

B. Escasez de activos para formar un profesorado a plazo corto/medio.

Sobre todo a partir de la Contrarreforma nuestra tradición religiosa quedó “marcada”. Está incluido en el anterior apartado A. Pero esto afecta además a la citada falta de suficiente artillería científica para conquistar un estudio más frío y objetivante de la religión, propia o ajena. No hay en la Universidad española ningún Centro institucionalizado o Facultad entera dedicada al estudio científico de las religiones. Otra vez pienso que sería buena cosa que esto pueda desmentirse8.

Lo que sí existe es un buen número de profesores que han abordado el objeto de la religión topada como en un encuentro obvio en el ejercicio de sus especialidades. Entre ellos destacaría inicialmente campos de Filología y Hermenéutica cuando tropiezan con textos religiosos o referidos a la religión, y tienen ocasión de avanzar en investigaciones referidas a puntos de exégesis bíblica, historia de las formas o de la redacción9. En otro orden de cosas aparece también un profesorado de lengua y cultura árabe que han llegado a enriquecer notablemente nuestro conocimiento del Islam. Suceden encuentros científicos parecidos en el campo de las lenguas orientales donde algunos han topado con el budismo, el hinduismo, etc. dentro del campo de sus investigaciones y docencia.

Casos notables de acercamiento al estudio de la religión aparecen en otro tipo de obras, como ciertas publicaciones de Filosofía, Derecho, y aun Neurociencia.

Pero brillan muy especialmente los trabajos de Historia, sea antigua, medieval o moderna y contemporánea, que también desentierran documentos y enmiendan hipótesis. Entre las investigaciones de la historia religiosa de España emergen de nuevo las visiones contrapuestas. Esto genera escasez de interpretaciones sintéticas, aportadoras de consensos críticos elaborados y aptos para que se pueda crear un bloque docente básico orientado a ESO y/o bachillerato.

El problema central reside en la Historia de España, junto con la de la Iglesia. La difícil misión de renovar el estudio de la religión en nuestro país, viéndola más desde fuera, como objeto de estudio, y consiguiendo un consenso elemental entre historiadores, es una empresa endiablada. Y si no se acepta como objeto científico la trayectoria del tema en España, malamente será útil el confrontarlo con otro tanto referido a otras religiones, relacionadas “por carambola”.

De momento permanece claramente irresuelto el problema que hallaría un futuro profesor de ”hecho religioso” para comenzar su enseñanza en un inmediato otoño, ante el que no podría recorrer una a una las entradas de la lista de docentes universitarios sobre materias relacionadas. Cualquier licenciado en antropología, sociología, historia, (política, social, del derecho, del arte…), o en psicología social, etc… podría interesarse, pero se vería en dificultades sin contar con más que sus libros de texto usados. El caso de la Antropología es particular desde el punto de vista metodológico, porque las técnicas de observación no participante (por ejemplo) exigen un rigor práctico imprescindible en este tipo de estudios científicos. En definitiva, la ciencia española no está institucionalizada de modo satisfactorio para abordar coherentemente el estudio científico de las religiones.

3. Aspectos jurídicos: Compatible con los Acuerdos de 1979, pero…

Los Acuerdos de España con la Santa Sede terminaron de ser negociados durante el 2o semestre de 1978, aunque el pueblo votó el referéndum de aprobación de la Constitución sin conocer su existencia ya redactada10. Sea lo que fuere, los Acuerdos firmados en el Vaticano el 3 de enero de 1979 y ratificados el 4 de diciembre del mismo año conservan hoy su plena validez jurídica y política.

En este sentido no parece viable la realización práctica del discurso que desarrollan los Cristianos Socialistas, presuponiendo que el nuevo programa sobre el hecho religioso sustituiría la enseñanza católica estipulada en el Acuerdo sobre enseñanza. Sus consideraciones sobre la posible reconversión laboral del actual profesorado de religión estimo que no tienen cabida jurídica en el marco actual, claramente orientado a la enseñanza de la religión católica, confiada a personas designadas por la Iglesia, al

margen de cualquier control académico sobre su preparación técnica, con total imprecisión sobre su previa acreditación profesional y científica. El estudio comparado de las religiones introduce una óptica incompatible con el objetivo del Acuerdo firmado sobre enseñanza. El perfil del profesor de religión exige que cumpla los requisitos de la moral católica (ofreciendo un testimonio activo que no siempre se da en las familias). No de otro modo se explica la decisión de despido si, por ejemplo, se divorcia y se vuelve a casar. Aquí se ve el control, y no en la preparación académica y docente11.

Es sabido que esta enseñanza religiosa no es obligatoria para todo el alumnado. La puerta queda abierta para el libre uso del tiempo por parte de quienes no quieran asistir. Esto dio lugar también a la llamada “alternativa”, actividad más o menos definida que el alumnado ausente de la religión realizaría en las mismas horas. Lo que no se pone en cuestión es la existencia de la asignatura de religión impartida por un profesorado designado por la Iglesia Católica.

Dicho esto, la creación de otra asignatura, esta obligatoria, sobre el “hecho religioso” en los términos que comentamos no se opone formalmente en nada a los Acuerdos en vigor una vez que las disposiciones de estos quedan intactas.

Sin embargo, la asignatura “hecho religioso” habría de crearse en una disposición aparte, y siendo compatible tendería a añadir un nuevo elemento de coste en horas docentes y creación de puestos de profesorado. El sistema ganaría unos puntos en materia de complejidad, aunque también en valor educativo. Todo producto creado de nuevo tiene un coste, esta vez en horas y dinero, tanto en el nivel de la realización de la enseñanza como en la formación universitaria del profesorado.

Mas lo cierto es que estos comentarios no cambian mi opinión sobre lo dicho antes: esta materia es específicamente necesaria en la situación actual de la sociedad española y de su trayectoria histórica y cultural, enriquecida hoy por la presencia de miles de personas nacidas en otros países y continentes que merecen conocer mejor cómo se puede engranar su religión (o no religión) con el casi aparatoso contexto religioso / antirreligioso que vehicula la historia de España. Se trata, pues, de una misión que debe ser cumplida. ¿Cuándo? Lo antes políticamente posible.

En cosas menos útiles y necesarias hemos gastado dinero los españoles.

Se dirá que lo pretendido es substituir la enseñanza religiosa por la del hecho religioso (de ahí la idea de reconversión laboral del actual profesorado). Lo único es que esto precisará la denunciación concreta del Acuerdo con la Santa Sede sobre enseñanza, lo que es competencia de una mayoría parlamentaria: es un proyecto político. Como “cristianos” es bueno hablar, mas solo como políticos se puede resolver.

4. Consideraciones finales.

Hay algunos pasajes en el documento de Cristianos Socialistas que transparentan la condición colectivamente creyente de sus autores. El tema es estrictamente político y se entendería más claramente si fuera presentado por un Partido.

En mi comentario sobre lo esencial he omitido elementos donde veo tal transparencia, y cito algunos:

1) mención de la “educación religiosa” y sus objetivos (que se apartan realmente de los del “hecho religioso”;

2) mención de la “competencia espiritual”, que es reivindicación propia de la enseñanza católica12;

3) situación de la religión, “en la centralidad de la liberación de los pobres y más oprimidos”, lo que representa una tendencia, la más positiva a mi juicio, pero que no aparece objetivamente presente en todo el cristianismo. En cambio tal supuesta supremacía universal del cristianismo parece ajena a una visión científica del hecho religioso en el mundo, por triste que parezca13.

Comprendo perfectamente la óptima intención de los creyentes que en realidad hacen las propuestas partiendo de su fe. Personalmente dejo aquí estos comentarios deseando a este colectivo el mayor éxito para que el más constructivo interés por el hecho religioso penetre más y más en el propio inconsciente colectivo de su Partido, donde el haber sido reconocido este grupo como una estructura interna ya es buen resultado de intentos anteriores no siempre exitosos.

La iniciativa es, pues, muy positiva y merece mucho más que este debate, en el que con gusto participo.

Notas a pie de página

1 Cristianos Socialistas PSOE, “El hecho religioso en la escuela”. Año 2017. Accesible en www.cristianospsoe.es . 

2 El carácter vinculante de este Pacto Internacional se relaciona con su inserción en el ordenamiento jurídico interno (art 96.1 CE) y con la exigencia de interpretar derechos y libertades constitucionales de conformidad con los derechos humanos según el art. 10.2 CE.

3 Conviene notar que el término “tolerancia” es de uso nada frecuente en el vocabulario de los derechos humanos, que suelen referirse más bien al “respeto” y a la promoción de estos derechos. Con novedoso realismo aparece aquí la tolerancia referida a los grupos religiosos. Las religiones han sido demasiadas veces intolerantes y conviene pedirles que dejen de serlo. Tan lejos avanza que habla de “amistad” (otro término poco frecuente) entre dichos grupos, lo que contendrá un diálogo inter-religioso, pues sin palabras no hay amistad. Para facilitarla será un cauce evidente el conocimiento mutuo comparado entre las religiones, basado en su estudio científico como hechos sociales y culturales.

4 Ratificada por España y vinculante desde su publicación (BOE, 31/12/1990).

5 Un ejercicio práctico para moverse en esta temática consiste de entrada en no usar el término “religión” refiriéndose de hecho al catolicismo y aun a la misma Iglesia Católica. Incluso al mencionar el “cristianismo” nuestra lógica herencia cultural impone el deber de adiestrarnos para no seguir pensando solo en católico, sea a favor o en contra.

6 Normalmente tal resentimiento se dirige en España a la religión (Iglesia) católica, con frecuente carácter anti-clerical.

7 Sin olvidar que entre los atemorizados por cierta exégesis y teología reciente se hallan algunos elementos jerárquicos, lo que ha costado suspensiones o aun condenas, no ya a Hans Küng o Edward Schillebeeckx, sino a teólogos españoles o latinoamericanos cuyas publicaciones circulan suscitando amplio interés religioso, para algunos inesperado.

8 El documento que estoy comentando cita La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa en su Recomendación 1720 (2005) dirigida al Comité de Ministros. Entre otros propone que se considere “la creación de un Instituto Europeo de formación de docentes para el estudio comparado de las religiones” (punto 13.3). Allí vieron el problema, pero la muy amable respuesta del Comité de Ministros (2006) nada dice sobre esta concreta recomendación ni sobre la mayoría de las demás, salvo que el asunto está ya englobado como un subapartado dentro del gran tema de la “Educación Intercultural”, que ya es un programa importante en el Consejo. La respuesta tiene algo de “larga cambiada”, y coincide con la posición del “Libro Blanco sobre el diálogo intercultural del Consejo de Europa” (mayo, 2008). Se trata de un apartado dentro de un ámbito más amplio, ya solucionado. En todo caso, dicho de paso, esta clase de problemas se resuelve mejor con referencia al Sistema Internacional de derechos humanos. Queda reducido al limitarlo al Sistema Regional Europeo (cuyo Convenio es el menos fuerte respecto de los derechos sociales). El ámbito de las religiones de todo el mundo se sitúa mejor, en todo caso, con referencia al sistema universal de derechos humanos.

9 Esta clase de competencias muchas veces se solapa con polémicas de profesores de exégesis en facultades confesionales, pero no siempre es así. Crecen las convergencias entre especialistas católicos, protestantes o incluso hebreos, y otros de corte científico ajeno a toda perspectiva confesional. Descubrimientos recientes como los manuscritos del Mar Muerto o de Nag Hammadi (mediados del siglo XX) agitan esas aguas “territoriales” con ritmos acelerados.

10 Votada en referéndum la Constitución el 6 de diciembre de 1978, resultaba de todo punto imposible que los textos que totalizan casi 10.000 palabras fueran negociados íntegramente en el escaso número de días laborables que se interponían entre el referéndum de aprobación y la firma de los Acuerdos y sus Anexos el 3 de enero de 1979. La cuestión tiene importancia, pues sería demostrable que los Constituyentes ocultaron al pueblo español la existencia de un detallado Tratado Internacional con la Santa Sede, a guisa de paquete oculto en la “coletilla” del Artículo 16.3 CE. Pero el hecho es que el asunto estaba plenamente preparado con toda discreción. La época de tal negociación es particularísima. La muerte del Papa Juan Pablo l el 29 de septiembre de 1978 marca el inicio de la segunda Contrarreforma católica, encaminada a frenar el impacto del Concilio Vaticano II. Los Acuerdos constituyen una trascendental “nota al pie” de la Constitución y como tal Tratado Internacional vinculan a España mientras el Estado o la Iglesia no los denuncien. En el caso de España para la denuncia se precisará la previa autorización de las Cortes Generales (Arts. 96.2 y 94 CE).

11 No se duda que el actual sistema es un lastre del viejo Estado confesional. La designación del profesorado por la confianza de la Iglesia (simétrica de los dichos casos de divorcio de la persona titular) implica una intromisión en el poder civil introduciéndole un concepto de “pecado”, lo que termina mostrando que en muchos aspectos no se contempla un tratado entre dos Estados, sino la aceptación parcial de uno de ellos como Estado dentro del otro Estado. La lúcida inteligencia eclesiástica intuye que, en un país con mayoría de declarados católicos en que abunda el segmento de “creyentes no practicantes”, la educación religiosa se empobrece si solo es confiada a la vía normal del testimonio de creencias transmitidas en el medio familiar y en la práctica ritual. De ahí que la promesa de intentar una futura autofinanciación educativa de la Iglesia a costa espontánea de la comunidad creyente fuese una intención de cumplimiento utópico. En este sentido la voluntad de Cristianos Socialistas de que su proyecto terminara “favoreciendo el avance hacia la constitución de un Estado Laico” es bien justa. Presupone que tal Estado Laico no está del todo constituido, cosa sabida por unos, que piden laicismo, y negada por otros, que afirman su actual “laicidad”. Verba volant.

12 Reaparece un viejo reflejo que considera la fe cristiana como envoltorio de referencia de los demás principios. Véase la forma de “matrioska” donde la educación cristiana es la que contiene a todo el resto de elementos positivos de uno u otro origen (portada y explicación en texto): https://www.ecmadrid.org/plan-de-pastoral-fp/1583-competencia-espiritual?lang=es .

13 El Presidente G.W. Bush, con apoyos adláteres, ordenó en 2003 la invasión militar de Iraq, afirmando convicciones cristianas y morales contra “el eje del mal”. El fundamentalismo cristiano estadounidense formará parte del estudio del hecho religioso, no sin explicar su actual expansión en América Latina.

 

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